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febrero 6, 2010 / guillermo

La Cinta Blanca, de Michael Haneke

Muchas expectativas había creado Haneke con esta película recogiendo premios en Cannes y los Globos de Oro y apenas no encontrando una crítica negativa en cualquier medio. La cinta, rodada para convertirse en un instant classic (y está claro que lo consigue), se basa en el fantástico trabajo de Sven Nykvist, el director de fotografía de Bergman y Tarkovski, para construir una dirección milimétrica, con planos formados por elementos simétricos y sacados de fotografías de principios del siglo XX así como del cine clásico. La acción se realiza enteramente en un pueblo protestante ficticio, Eichwald, recordando las tramas de su querido Kafka.

La película, como Funny Games, es un tratado sobre la violencia y la venganza. Sin embargo, la similitud acaba aquí; mientras en Funny Games apenas explica la violencia como fruto del aburrimiento de la clase burguesa, del absurdo y del nihilismo, Haneke usa Eichwald y los primeros años del nazismo para diseccionar con precisión germana su explicación de por qué surge la violencia en el ser humano. Se podría entender que la explicación se extiende únicamente al surgimiento del nazismo, pero esto sería injusto; como toda obra que escarba lo suficientemente profundo, su aplicación es universal y es lo que distingue unas de otras y que perduren, ya que realmente las preocupaciones del hombre poco han cambiado a lo largo del tiempo.

El principal elemento que Haneke considera importante para explicar la violencia y que realmente engloba a todos los demás es la educación entendida como la relación familiar. El niño no sólo reproduce memes y tradiciones de sus padres sino que se comporta según lo que les sucede, con la libertad que los niños disfrutan y sin inhibiciones debido a la educación o jerarquía social. Especialmente muestra la dura educación germana y el daño que ésta produce.

El segundo elemento es la religión, fuente de inhibiciones, castigos injustos, crueldad y fuente de moral perversa. Haneke es especialmente duro con la religión, personificada en el Pastor y su familia, ya que al descubrirse delitos cometidos a causa del Pastor y la educación cristiana, ya que ésta mismamente justifica acciones y castigos contra sujetos impuros como adúlteros, abortistas y niños subnormales, no sólo el Pastor no lo acepta sino que sugiere usar la estructura política para destruir estas denuncias. Algo común en Haneke es el tratamiento de la represión sexual. En este caso es explícito y sugiere que acompaña al hombre durante toda su vida, utilizando desde el castigo de la masturbación a un joven y el sexo desganado y frustrado del Doctor lo que le produce a los dos un profundo dolor emocional.

En la película se trata la jerarquía socioeconómica no desde un prisma típico marxista y político sino cómo ésta primero destruye la libertad y la felicidad, y quizás es lo más interesante de la película. Dentro del pueblo existe una dualidad en el poder y una jerarquía, el terrateniente, el barón, frente a los campesinos. Estos han de aguantar víctimas colaterales del progreso e incluso podría decirse que un asesinato, la mujer del campesino muere debido a un accidente laboral. Ante esto el hijo destruye las coles el día de la siega, el famoso Chucrut el día más sagrado del Protestantismo en esa época, la mayor ofensa posible. Debido a ello el campesino y su familia pierden el trabajo, suicidándose el padre posteriormente: sin trabajo no se es hombre. Es decir, el trabajo deshumaniza. Pero la culpabilidad según Haneke no puede singularizarse en el barón, sino que como discuten los campesinos, padre e hijo en el mejor diálogo de la película, no es de nadie: – “¿Y cómo sabes que ellos son los culpables?” – “¿Y cómo sabes tú que ellos son inocentes?” – “Yo no lo sé. Pero tampoco sé lo contrario.”

Todo esto configura en el individuo una barrera de inhibiciones que coartan su libertad y ante ello su única vía lógica de escape es la venganza violenta y asesina. La analogía con el nazismo en este momento es clara, debido a estas causas en la educación y a la pérdida de la I Guerra Mundial junto al tratado de Versalles de 1919 que sumía a Alemanía a la mínima expresión y destruía el Imperio Austro-Húngaro relevándolos a la humillación nacional y a la dualidad vencedores-vencidos como el terrateniente-campesinos, es lógico ahora comprender (sin entrar en ningún juicio histórico) por qué surge Hitler en los años posteriores.

En resumen, una película compleja, dura y genial además de visualmente fantástica que hará que Haneke pase a ser considerado uno de los grandes del cine.

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