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enero 10, 2011 / guillermo

Colectivos gilipollas

Es una historia que se repite. La patronal agraria se ofende por un anuncio en el que se les trata de garrulos. Según ellos. Denuncia al canto. Haces un corto sobre cocinar un cristo y 32 años después te cae juicio oral. Dibuja a Mahoma y puedes verte en pedazos gracias a una bomba colocada en tu portal.

Son los colectivos gilipollas, grupos de personas que encuentran en cualquier acto o forma de expresión ajena una ofensa hacia sus creencias o intereses. Hay hasta culturas enfermas donde todo está pautado, a no ser que quieras ofender hasta a tu madre.

Si vives en un país religioso, nunca expreses tus no-creencias religiosas: al contrario siempre estará bien visto. No hagas un chiste sobre el SIDA. Nunca te beses en público en Dubai. En España, no digas que los plátanos de Canarias son una birria comparadas con las bananas de Sudamérica. Ni se te ocurra meterte una tarjeta de visita directamente en la cartera si te la dan en Japón. En realidad, en Japón es una ofensa casi todo.

Yo voy a hacerme budista de la ofensa. Sí, si suprimir los deseos lleva a eliminar el sufrimiento, deja que no te ofenda nada de lo que te digan y serás un poco menos gilipollas.

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enero 4, 2011 / guillermo

La educación del fracaso

Es seguro que muchos de nosotros hayamos sentido lo siguiente en algún momento:

  • Sensación de mareo
  • Sequedad de boca
  • Sudores en los pies, manos, axilas…
  • Sensación de temblor
  • Taquicardia
  • Sensación de ahogo o muerte cercana

Son los llamados Ataques de ansiedad, situaciones en extremo desagradables, y alimentadas por el hecho de que la práctica totalidad de las personas desconocen estos síntomas hasta que los sufren, lo que aumenta el miedo. Nos enseñamos antes a analizar morfológica y sintácticamente el lenguaje, a resolver complejas ecuaciones o hablar numerosos idiomas que a aprender acerca de estados tan comunes como la depresión.

En una sociedad adicta al éxito, donde los suicidios, a pesar de aumentar año tras año, no ocupan siquiera las noticias por el miedo al contagio, y especialmente en los países mediterráneos, en los que evitamos a toda costa la soledad, nos conduce a que nosotros mismos seamos nuestros peores conocidos.

Debemos reformar la educación, y perder la perspectiva de que criamos seres humanos desde niños para ser como el hombre perfecto de Leonardo Da Vinci o directores de empresa. Nada más lejos de ello. Somos la mayor parte del tiempo miserables, perdedores, tarados…y envejecemos solos. Tenemos que aprender del fracaso.

noviembre 20, 2010 / guillermo

Pickpocket de Robert Bresson, el Crimen y Castigo post-moderno


Pickpocket (1961), de Robert Bresson, utiliza, al igual que Match Point de Woody Allen, la novela de Dostoievski Crimen y Castigo para construir su historia. Es curioso que las dos películas, al igual que la novela, son muy buenas. Como bien se dice, con buen pijo bien se jode. El argumento es sencillo y similar a la novela rusa: un joven, inteligente y ermitaño, recurre al crimen. En el caso de la película, robar carteras. La similitud en este caso es clara, y el pequeño apartamento en donde los dos anti-héroes viven hacinados, y alejados de los valores familiares, es una de las muchas pruebas que nos deja Bresson.

La historia nace, como una noche de alcohol al revés, sin un principio claro. Este recurso, del cual uno se percata a medida que avanza la película, refuerza el mensaje de la misma, y es que no existe motivo aparente por el cual el protagonista necesita robar. Es en una discusión con Jeanne —la personificación de la moralidad— en donde podemos intuir que quizás es el puro hastío el que le lleva a realizar tal cosa. “—A tí Michel, no te gustan las cosas que le gustan a los demás—”.

Y es que Michel, lejos de sentir arrepentimiento como Raskolnikov en la novela, no encuentra delito moral alguno en los robos. Es más, en una interesante conversación con el policía que más tarde lo arrestará, asegura que “—Si el mundo ya está al revés, esto lo devolverá a su sitio—”. Y ya deja claro su pensamiento puramente nihilista en la conversación con Jeanne que sirve como motivo de la película “—Jeanne, ¿Cree usted que seremos juzgados?— […] —¿Juzgados cómo? ¿En base a un código? ¿Qué código? Es absurdo—”. Refuerza esto Bresson con la conducta de Michel, cuyo actor no muestra en ningún momento sentimiento o mueca en su cara más que un continuo aburrimiento vital.

Como segunda argumentación, Michel explica al inspector que, las reglas morales, lejos de ser leyes escritas en piedra, pueden depender de las personas, y que aquellos hombres con talento innato, pueden y deben saltárselas para ofrecer un bien superior a la humanidad. Es al final de la película, tras volver Michel de un viaje evitando la penitencia y el castigo, cuando ayuda a su amiga Jeanne, abandonada por su mutuo y siempre moralista amigo.

En definitiva, esta película es una magnífica vuelta de tuerca que, hija de los tiempos en los que fue rodada, utiliza una novela sobre la moral para intentar demostrar la inexistencia de la misma. Adieu!

febrero 7, 2010 / guillermo

Un Mundo Feliz según Houellebecq

»Bruno llegó a eso de las nueve; había bebido un poco y tenía ganas de abordar temas teóricos. —Siempre me ha sorprendido —empezó sin sentarse siquiera— la extraordinaria precisión de las predicciones que hizo Huxley en Un mundo feliz. Es alucinante pensar que ese libro fue escrito en 1932. Desde entonces, la sociedad occidental no ha hecho otra cosa que acercarse a ese modelo. Un control cada vez más exacto de la procreación, que cualquier día acabará estando completamente disociada del sexo, mientras que la reproducción de la especie humana tendrá lugar en un laboratorio, en condiciones de seguridad y fiabilidad genética totales. Por lo tanto, desaparecerán las relaciones familiares, las nociones de paternidad y de filiación. Gracias a los avances farmacéuticos, se eliminarán las diferencias entre las distintas edades de la vida. En el mundo que describió Huxley, los hombres de sesenta años tienen el mismo aspecto físico, los mismos deseos, y llevan a cabo las mismas actividades que los hombres de veinte años. Después, cuando ya no es posible luchar contra el envejecimiento, uno desaparece gracias a una eutanasia libremente consentida; con mucha discreción, muy deprisa, sin dramas. La sociedad que describe Brave New World es una sociedad feliz, de la que han desaparecido la tragedia y los sentimientos violentos. Hay total libertad sexual, no hay ningún obstáculo para la alegría y el placer. Quedan algunos breves momentos de depresión, de tristeza y de duda; pero se pueden tratar fácilmente con ayuda de fármacos; la química de los antidepresivos y de los ansiolíticos ha hecho considerables progresos. «Un centímetro cúbico cura diez sentimientos.» Es exactamente el mundo al que aspiramos actualmente, el mundo en el cual desearíamos vivir.

»Sé muy bien —continuó Bruno haciendo un gesto con la mano como para barrer una objeción que Michel no había hecho— que el universo de Huxley se suele describir como una pesadilla totalitaria, que se intenta hacer pasar ese libro por una denuncia virulenta; pura y simple hipocresía. En todos los aspectos, control genético, libertad sexual, lucha contra el envejecimiento, cultura del ocio, Brave New World es para nosotros un paraíso, es exactamente el mundo que estamos intentando alcanzar, hasta ahora sin éxito. Actualmente sólo hay una cosa que choca un poco con nuestro sistema de valores igualitario, o más bien meritocrático, y es la división de la sociedad en castas, dedicadas a tareas diferentes siguiendo su naturaleza genética. Pero ése es precisamente el único punto sobre el que Huxley fue un mal profeta; justamente el único punto que ha llegado a ser más o menos inútil, con el desarrollo de la robotización y del maquinismo. No cabe duda de que Aldous Huxley era muy mal escritor, de que sus frases son pesadas y no tienen gracia, de que sus personajes son insípidos y mecánicos. Pero tuvo una intuición fundamental: que la evolución de las sociedades humanas estaba desde hacía muchos siglos, y lo estaría cada vez más, en manos de la evolución científica y tecnológica, exclusivamente. Puede que le faltara sutileza, psicología, estilo; todo eso pesa poco al lado de la exactitud de su intuición primera. Y fue el primer escritor, incluidos los escritores de ciencia ficción, en entender que el papel principal, después de la física, lo iba a desempeñar la biología.

– Michel Houellebecq, Las Partículas Elementales

febrero 6, 2010 / guillermo

La Cinta Blanca, de Michael Haneke

Muchas expectativas había creado Haneke con esta película recogiendo premios en Cannes y los Globos de Oro y apenas no encontrando una crítica negativa en cualquier medio. La cinta, rodada para convertirse en un instant classic (y está claro que lo consigue), se basa en el fantástico trabajo de Sven Nykvist, el director de fotografía de Bergman y Tarkovski, para construir una dirección milimétrica, con planos formados por elementos simétricos y sacados de fotografías de principios del siglo XX así como del cine clásico. La acción se realiza enteramente en un pueblo protestante ficticio, Eichwald, recordando las tramas de su querido Kafka.

La película, como Funny Games, es un tratado sobre la violencia y la venganza. Sin embargo, la similitud acaba aquí; mientras en Funny Games apenas explica la violencia como fruto del aburrimiento de la clase burguesa, del absurdo y del nihilismo, Haneke usa Eichwald y los primeros años del nazismo para diseccionar con precisión germana su explicación de por qué surge la violencia en el ser humano. Se podría entender que la explicación se extiende únicamente al surgimiento del nazismo, pero esto sería injusto; como toda obra que escarba lo suficientemente profundo, su aplicación es universal y es lo que distingue unas de otras y que perduren, ya que realmente las preocupaciones del hombre poco han cambiado a lo largo del tiempo.

El principal elemento que Haneke considera importante para explicar la violencia y que realmente engloba a todos los demás es la educación entendida como la relación familiar. El niño no sólo reproduce memes y tradiciones de sus padres sino que se comporta según lo que les sucede, con la libertad que los niños disfrutan y sin inhibiciones debido a la educación o jerarquía social. Especialmente muestra la dura educación germana y el daño que ésta produce.

El segundo elemento es la religión, fuente de inhibiciones, castigos injustos, crueldad y fuente de moral perversa. Haneke es especialmente duro con la religión, personificada en el Pastor y su familia, ya que al descubrirse delitos cometidos a causa del Pastor y la educación cristiana, ya que ésta mismamente justifica acciones y castigos contra sujetos impuros como adúlteros, abortistas y niños subnormales, no sólo el Pastor no lo acepta sino que sugiere usar la estructura política para destruir estas denuncias. Algo común en Haneke es el tratamiento de la represión sexual. En este caso es explícito y sugiere que acompaña al hombre durante toda su vida, utilizando desde el castigo de la masturbación a un joven y el sexo desganado y frustrado del Doctor lo que le produce a los dos un profundo dolor emocional.

En la película se trata la jerarquía socioeconómica no desde un prisma típico marxista y político sino cómo ésta primero destruye la libertad y la felicidad, y quizás es lo más interesante de la película. Dentro del pueblo existe una dualidad en el poder y una jerarquía, el terrateniente, el barón, frente a los campesinos. Estos han de aguantar víctimas colaterales del progreso e incluso podría decirse que un asesinato, la mujer del campesino muere debido a un accidente laboral. Ante esto el hijo destruye las coles el día de la siega, el famoso Chucrut el día más sagrado del Protestantismo en esa época, la mayor ofensa posible. Debido a ello el campesino y su familia pierden el trabajo, suicidándose el padre posteriormente: sin trabajo no se es hombre. Es decir, el trabajo deshumaniza. Pero la culpabilidad según Haneke no puede singularizarse en el barón, sino que como discuten los campesinos, padre e hijo en el mejor diálogo de la película, no es de nadie: – “¿Y cómo sabes que ellos son los culpables?” – “¿Y cómo sabes tú que ellos son inocentes?” – “Yo no lo sé. Pero tampoco sé lo contrario.”

Todo esto configura en el individuo una barrera de inhibiciones que coartan su libertad y ante ello su única vía lógica de escape es la venganza violenta y asesina. La analogía con el nazismo en este momento es clara, debido a estas causas en la educación y a la pérdida de la I Guerra Mundial junto al tratado de Versalles de 1919 que sumía a Alemanía a la mínima expresión y destruía el Imperio Austro-Húngaro relevándolos a la humillación nacional y a la dualidad vencedores-vencidos como el terrateniente-campesinos, es lógico ahora comprender (sin entrar en ningún juicio histórico) por qué surge Hitler en los años posteriores.

En resumen, una película compleja, dura y genial además de visualmente fantástica que hará que Haneke pase a ser considerado uno de los grandes del cine.